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El Empresario Profesional

Updated: Jan 25

Psci. Sergy Morales C.


La palabra empresario ha recibido múltiples definiciones, especialmente en el ámbito hispanoparlante. Una revisión sencilla de varios autores permite observar distintos matices que enriquecen su significado.


Simón Andrade, autor del Diccionario de Economía, define al empresario como “aquella persona natural o jurídica que generalmente es titular de una unidad de producción o servicio y, como tal, asume el riesgo principal de la misma, siendo esta circunstancia la que lo diferencia del ejecutivo”.


Por su parte, Zoilo Pallares, Diego Romero y Manuel Herrera, en su libro Hacer Empresa, lo describen como “una persona, entidad o grupo de personas que independientemente o asociadas, por voluntad propia y motivaciones individuales (que van desde la satisfacción de crear algo propio hasta alcanzar algún tipo de poder o distinción social), decide asumir un riesgo en la realización de una actividad económica determinada y en la cual aspiran a tener éxito”.


En Introducción a los Negocios en un Mundo Cambiante, Ferrell, Hirt, Adriaenséns, Flores y Ramos señalan que “un empresario es una persona que arriesga su dinero, tiempo y esfuerzo para desarrollar un producto o una forma de hacer algo innovador”.

Desde el punto de vista etimológico, el término empresario combina:

  • em- (en, penetración)

  • prehendere (atrapar)

  • -ario (pertenencia)


Podríamos inferir, con el permiso del lector, que empresario implica ejercer control autodeterminado sobre una pertenencia, la cual es la empresa misma. Es quien penetra (comprende) una organización que ha creado, la sujeta (la controla) y le da sentido a esa pertenencia en la medida en que aumenta —y expande— su contribución al propósito que dio origen a la actividad.


Bajo este enfoque, un empresario sería alguien que entiende profundamente cómo funcionan las empresas debido a su capacidad para establecerlas y expandirlas con alta probabilidad de éxito. De la misma forma que un profesional domina su oficio al punto de garantizar resultados, un empresario “debería” conocer las particularidades del funcionamiento empresarial hasta asegurar que empresa que establece, empresa que crece.

Sin embargo, las cifras reportadas por la Small Business Administration (SBA) de Estados Unidos en 2018 son contundentes y preocupantes: de cada diez empresas creadas, solo la mitad continúa operando después de los primeros cinco años. Esto indica que la mayoría enfrenta problemas que no pudieron o no supieron resolver. Si pensamos que una empresa existe precisamente para ofrecer soluciones a las necesidades de sus clientes, asumir esta estadística con ligereza sería una irresponsabilidad, más allá de las consecuencias humanas, económicas y sociales para los emprendedores y sus empleados.


Si adoptamos una postura algo más dramática, considerando que las pequeñas y medianas empresas representan hasta el 60% del empleo nacional y el 40% del PIB en economías emergentes (según el Banco Mundial), y que generan alrededor del 80% de las nuevas oportunidades laborales, queda en evidencia la enorme responsabilidad que recae sobre los empresarios y la importancia crítica de su rol para la vida económica del planeta.


Ahora bien, si tomamos en cuenta que estas cifras corresponden a Estados Unidos, conviene analizar el término en inglés. La traducción más usada para empresario es “entrepreneur”, derivado de los términos latinos entre (nadar hacia afuera) y prehendere (captar, comprender o capturar). Jean-Baptiste Say popularizó el término en 1800 otorgándole un sentido de movimiento en una dirección específica: nadar, avanzar y progresar luego de captar, comprender y controlar aquello que se desea lograr.


Es decir, el empresario anglosajón parece entender —a través del propio término— que su función consiste en crear flujos de movimiento orientados a un propósito claro. Debe comprender su actividad profundamente y ejercer control inteligente sobre ella.


Tanto en la tradición hispana como en la anglosajona, el empresario se apoya en la comprensión y el control de las organizaciones para establecerlas y expandirlas. Siendo esta una actividad tan especializada, esencial para el desarrollo humano y base de la economía mundial, surge una pregunta relevante: ¿debería considerarse el ser empresario una profesión? ¿Es su propósito principal crear empresas o dirigirlas? ¿Contribuye más a la economía quien funda empresas o quien las gestiona eficazmente?


Un empresario es, en esencia, un inversionista, pero no todo inversionista es un empresario. Las empresas deben estar en manos de empresarios honestos y profesionalizados, capaces de crear organizaciones que generen empleos, mejoren la vida de sus clientes, impulsen a su personal, contribuyan al desarrollo sostenible y sirvan de ejemplo para la sociedad que necesitamos.

Si eres empresario, eres valiente.



Sergy Morales C. es graduado en psicología en la Universidad Rafael Urdaneta (Venezuela). Es Consultor Empresarial con más de 20 años ejerciendo cargos de dirección en diferentes empresas.

Se formó en consultoría organizacional en el Hubbard College y como Coach Organizacional en la International Association of Coaching. Igualmente se formó en Gerencia, Supervisión, Liderazgo, Mercadeo, Ventas y el uso de herramientas avanzadas de gerencia en la Facultad de Ciencias Económicas y Sociales de La Universidad del Zulia. Posee amplia experiencia en el establecimiento, organización, intervención, así como recuperación de diferentes empresas en Venezuela y USA.

Sergy Morales es autor de la “Teoría Molecular de las Organizaciones”, Evaluación Molecular, Planificación Molecular y  Gerencia Molecular.


Artículo aprobado 24 de agostodel 2020 por:

Comité de publicaciones

Dpto. de Documentación

División de Investigación y Desarrollo




 
 
 

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